PERSONAJES EN LA MONTAÑA PALENTINA
PEPE PALOMINO: EL HOMBRE del CLUB
Seríamos injustos y quedaría incompleta la ya larga historia del Club - medio siglo-, sin el nombre y la persona de Pepe Palomino, referencia obligada e imprescindible, como creador e impulsor de un Club, al que le imprimió un carácter y una forma de actuar, que como si de una religión se tratara, ofrecía amistad y actividad saludable basada en el esfuerzo, todo en un ambiente familiar, donde cabían todos.
Corrían los años 50 y Pepe Palomino conoció la Montaña Palentina en su condición de contratista de obras públicas en distintas localidades de aquellos apartados lugares, donde las comunicaciones eran muy deficientes y los medios de transporte, escasos o nulos.
De Guardo hacía el norte, todos los caminos eran de tierra y polvo, no existía el pantano de Compuerto y todavía el pueblo de Valcobero malvivía de una escasa ganadería y de una rústica industria textil familiar, todo hoy desaparecido, salvo unas casas recuperadas para segunda vivienda. Valsurbio también, hoy desaparecido, tuvo una vida muy dura, alejada de núcleos de abastecimiento. Este panorama, bucólico si se quiere, pero duro y difícil, era el reflejo generalizado de los pueblos de montaña, donde en muchas casas los tejados eran de centeno y el suelo de tierra, y entre sus habitantes se daban con frecuencia uniones de consaguinidad que se hacía palpable en el aspecto físico. La luz no había llegado a muchos pueblos, o el suministro escaso y de baja potencia se generaba en pequeños saltos de agua con periódicas y sucesivas averías. Los domingos los mozos al ritmo del pandero, bailaban y entretenían su asueto
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Pero las montañas estaban allí, indiferentes al monótono ritmo de vida de sus moradores; se cubrían del blanco manto en invierno que las hacían más atractivas, a la par que dificultaban la ya dura existencia de aquellos pueblos. El verano traía la actividad, se recogía la hierba para el invierno, la ganadería subía a los altos prados, donde los pastores en las largas noches tejían leyendas transmitidas por generaciones, y las canciones pastoriles resonaban en los valles con ecos ancestrales. Aquí también nació la palabra y pusieron nombres a las montañas, a los valles, a los arroyos, nombres que hoy usamos sin saber como fue su origen.
Pepe Palomino no era un montañero al uso moderno cuyo afán primero fuera alcanzar cumbres, ni su incorporación a esta actividad lo fue en edad muy joven. Subió a muchas montañas de las principales y conocía muy bien todo ese dédalo de montañas y valles que conforman todo el territorio de la Montaña Palentina y de otras sierras y comarcas del país, visitadas con su inseparable esposa y compañera, Marina Zarzosa.
Por su peculiar forma de ser, abierto y dialogante, trato cordial y extensa cultura, conectaba siempre con los nativos de los lugares que recorría, fraguando amistades que perduraron en el tiempo. Gustaba con todos compartir el pan y la sal – como a él le gustaba decir y escribir-, como elementos simbólicos de amistad y austeridad que preconizaba en todo. A ello contribuyeron sus largas estancias en el refugio de montaña que su hijo Pepe tiene en el valle de Cardaño, lo que le permitía mantener relaciones cordiales con todos sus habitantes.
Fue durante varios años el primer Presidente de la Federación Palentina de Montañismo, desde donde contribuyó a fomentar el montañismo provincial, que él entendía en primer lugar como forma de relación humana y luego deportiva, favoreciendo el desarrollo de los clubes de Aguilar de Campoo, “Los Águilas”, con su animoso Presidente al frente, Pedro Ruiz, y de Barruelo de Santullán, “Montañeros de Sierra Hijar”, cuyo Presidente, el más veterano de los montañeros palentinos y también el más longevo, Abilio Rodríguez Presa, desarrolló una envidiable actividad. Su sentido del honor y de la rectitud le hizo dimitir de su cargo, ante un acto de la Federación Española de Montañismo que consideró injusto.
Por su carismática hondura y seriedad unidos por la afición a la montaña, congregó a su alrededor en aquellos años y posteriores, a un grupo de personas, amigos ya, que con su bien hacer propuso la creación del Club, formalizando y tramitando los documentos necesarios ante el Organismo Oficial correspondiente, comenzando ya, como Club, las actividades deportivas debidamente programadas y publicadas en un boletín informativo, que fueron continuación de las que se venían realizando por un grupo de aficionados antes de las constitución del Club. Enseguida planteó la idea de construir un refugio en la montaña y para ello contó con el asesoramiento del Vocal Nacional de Refugios de Montaña de la Federación Española, Sr. Forasté, con quien trabó también amistad, facilitándole unos planos, que serían definitivos, y el resto de la documentación necesaria para solicitar la ocupación de un terreno público en Cardaño de Arriba, lugar que hoy ocupa el refugio. Su construcción se pudo llevar a cabo, todo bajo su iniciativa y dirección, mediante la aportación dineraria a fondo perdido y el trabajo personal de algunos socios y con un préstamo solicitado a la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Palencia.
Recogida en tres líneas la peripecia de la construcción del refugio, parece sencilla y hasta divertida, pero la realidad es que fue un testimonio de entusiasmo y trabajo, del que existen documentos gráficos.
La Junta Directiva del Club empezó reuniéndose un día a la semana en el Mesón San Bernardo (desaparecido) y posteriormente, en el Mesón del Concejo (también desaparecido). Los trabajos administrativos, elaboración de programas, redacción de circulares, correo…, se vino haciendo y durante muchos años al cierre de la jornada laboral, en la tienda propiedad de Alberto Gutiérrez, distribuidor de Olivetti en la Calle Mayor. En las reuniones del Mesón del Concejo surgió la idea de las Tertulias del Espigüete -el ambiente del lugar lo propiciaba-, las cuales durante 30 años y de forma ininterrumpida se han venido celebrando en distintos escenarios aunque ninguno como en dicho Mesón del Concejo, donde el espacio permitía la proximidad y el calor humano de una tertulia. Por ‘Las Tertulias’ han pasado a lo largo de los años los más destacados profesionales en el amplio mundo de las Artes, las Letras, la Arquitectura, Abogacía, Periodismo, Catedráticos en diversas ramas del saber, Músicos, Obispos, Poetas, etc, etc.
Precisamente este año 2012 hemos celebrado y conmemorado el XXX Aniversario de esta actividad, de la que Pepe Palomino fue su ‘alma mater’, hasta su fallecimiento hace ya 17 años.
Tan luctuoso suceso hizo que la Junta Directiva del Club, acordara la celebración anual de una actividad deportiva en su memoria, en la zona de los Cardaños, a la que él quería entrañablemente, llamándola ‘Memorial Pepe Palomino’ de que este año se ha cumplido el XVI Aniversario.
También como referencia visible de su gestión y exponente más claro del Club, de quien como se ha dicho fue su idea y su brazo ejecutor, el refugio propiedad del Club lleva su nombre.
Muchas más páginas se podrían llenar con los hechos destacados de Pepe Palomino relacionados con nuestro Club, pero excedería de la sola pretensión de hacer una sencilla semblanza de quien hizo posible la creación del Club y su continuidad en el tiempo, para recuerdo de todos.
Miguel Ruiz Ausin |